Mundialización comercial

El comercio es el elemento clave de la mundialización económica. La mundialización económica surge por la progresiva especialización de la actividad económica, esta división del trabajo provoca la necesidad del intercambio como medio de relación económica pacifica.

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La actividad comercial nace cuando existe algo para ser intercambiado, se produce y da excedentes; estas pautas coinciden en la etapa Neolítica primeramente con los bienes alimenticios gracias a la aparición de la agricultura y la ganadería. Las guerras suscitaban territorios y trabajo ajeno (esclavos). La especialización en ganadería y agricultura según las tribus y su nivel parejo de fuerza provoca una relación de intercambio pacifica donde se suma una nueva industria textil y de cerámica. Pronto se empieza a descubrir y usar los metales dándoles mucha importancia (cobre, zinc, bronce…), aparecen los artesanos. Aparte del comercio exterior se concibe uno interior de materias primas y de productos elaborados. Los egipcios, persas y griegos perfeccionan y configuran unas técnicas comerciales que se generalizan y progresan hasta llegar a Roma donde se asientan las bases del primer imperio mundial.

Roma no era un imperio comercial o industrial, su base era la agricultura y las exigencias militares; establece una relación asimétrica con las colonias a las que les compra materias primas y les vende productos manufacturados; provocando un desequilibrio económico.

Empieza la Edad Media, caen en el olvido parte de los aspectos comerciales y monetarios hasta la aparición de las cruzadas, las cuales provocan un incremento de la demanda se realizan negocios comerciales, se constituye la Orden Templaria y se crean los bancos; los peregrinos de las cruzadas tenían confianza en la orden de los templarios, donde depositaban su oro para protegerlo.

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Aparecen y se desarrollan las ciudades pasando a la Edad Moderna, gracias también a la gran actividad comercial de estas y a la acumulación de capital. Ciudades se enriquecieron (Florencia, Nápoles, Italia) fletaban barcos que traían seda y productos exóticos.

En 1492 España descubre América, a la par, los portugueses se expanden y colonizan territorios por África, India y China; después se unen a esta expansión mundial franceses, holandeses e ingleses con el denominador común de “evangelio, gloria y oro”. El oro entraba por Sevilla y salía por los pirineos. El comercio exterior se multiplicó a lo largo y ancho de todo el mundo, esto fue posible merced a la aparición de un sistema bancario moderno y de las bolsas de mercancías y valores, la primera se instalo en Bélgica (Brujas) aunque la dedicada internacionalmente fue la de Amberes.

Se manifiestan ideas mercantilistas que incrementan el poder del estado y propiciaron rivalidades entre todos los países europeos. Las colonias solo podían suministrar materias primas a las metrópolis y en el mercado exportar productos industriales, ya que se les prohibió la construcción de industrias manufactureras por miedo a la autosuficiencia y el agotamiento de los recursos (gente inculta explotándola) base del subdesarrollo.

El mercantilismo beneficioso en un primer momento para las metrópolis sumían progresivamente sin capacidad de crecimiento, estallando con las ideas liberalistas y abriendo las puertas de la Revolución Industrial.

La Revolución Industrial, nuevas máquinas, el sistema fabril, el desarrollo de los ferrocarriles y los progresos de la navegación a vapor, existe un transporte y distribución mucho más fácil y barata. Lo importante y lo diferente a lo vivido anteriormente es la ola de librecambismo que fue extendiéndose por todo el mundo, destacando Inglaterra (con Australia, Canadá, la India y parte de EEUU y China). Situación hasta 1929 con dos objetivos: hacerse con las materias primas y el mercado.

Juan Antonio Corbalán Liarte

Artículo realizado para la asignatura Economía Mundial de la Licenciatura de Administración y Dirección de Empresas de la Universidad Politécnica de Cartagena.

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