Economía española del siglo XX.

10Recensión del libro “Un siglo de España: La economía” de José Luis García Delgado y Juan Carlos Jiménez. Este libro expone los hechos más significativos de la economía española en el siglo XX. Tiene una estructura sencilla y acertada por etapas temporales en función de la evolución de la economía y los sucesos políticos acaecidos, dividiéndose en tres etapas en un principio por la economía pero finalmente se estructura en cuatro etapas para una mejor comprensión y destacar el periodo conflictivo de la guerra civil y sus años precedentes. Asimismo, a lo largo de todo el texto se exponen comparaciones con los países de nuestro entorno, respecto a las principales magnitudes macroeconómicas.

El siglo comienza en España con las perdidas coloniales, lo que produjo una profunda crisis sentimental que no económica, ya que al contrario de lo que se podía suponer por todo aquel movimiento cultural llamado popularmente “generación del 98”, surgido alrededor de aquel momento trágico, esta pérdida no supuso un revés para la economía española sino todo lo contrario, tuvo un efecto positivo porque a raíz de aquello surgió una oportunidad de equilibrar la situación financiera y presupuestaria. De este modo, se proyectó la “Reforma de Villaverde”, un ambicioso plan que si bien era muy adecuado a la situación de España y se lograron importantes mejoras, no se finalizaron las tres fases que constaba, sólo completándose la primera. Por lo tanto, una oportunidad perdida porque de haberse conseguido, la estructura productiva española habría sentado las bases para la consecución de grandes objetivos y oportunidades como veremos que efectivamente surgieron no muchos años más tarde.

Cabe resaltar que la situación económica estaba muy distante de la media de nuestros países de nuestro entorno (Reino Unido, Francia y Alemania) representando tan solo un 40% de la renta; una media sin duda muy baja y que a veces resulta difícil entender el gran avance que ha conseguido nuestro país este último siglo finalmente. Maura años más tarde (1907 – 1909) intentó incentivar principalmente la industria a través de una serie regulaciones y medidas económicas obteniendo una mejora sustancial de la situación, obteniendo crecimientos de 1,5% a 1,7% por encima de la media del primer tercio de siglo (1900 – 1935) del 1,1%. Un dato relevante que pone de manifiesto el ascenso que se produjo hasta 1913, fue el incremento del 60% del consumo de energía primaria con la consecuencia de un dato no tan positivo, como es el aumento de la dependencia con el exterior respecto a las materias primas y otros bienes necesarios para la estructura productiva.

El comienzo de la I Guerra Mundial supuso una gran oportunidad para España, ya que su neutralidad supuso ser suministrador de todo tipo de bienes para los países en conflicto. No obstante, España no supo llevar a cabo bien este proceso y se dejó llevar por las circunstancias de un modo inconsciente e incorrecto desde mi punto de vista, de forma parecida a lo ocurrido recientemente con el “boom inmobiliario”: empezó a producir más, con un gran incremento de las exportaciones, ocasionando tensiones inflacionistas y también se comenzó con la sustitución de importaciones. Pero este periodo de expansión le siguió otro más problemático, ya que la duración de la guerra no podía ser ilimitada, por lo que al término de la misma en 1918, comienza a haber en España una serie de tensiones económicas muy difíciles de sostener, adentrándose en los años veinte hasta que se produce el cambio político comenzando la dictadura de Primo de Rivera. Un dato que pone de manifiesto lo decepcionante que fue esta etapa (1914 – 1922) para España fue el crecimiento de tan solo 1,1% de la renta. No considero que lo acertado sea que cada vez que las cosas no van bien económicamente hablando, haya que cambiar drásticamente de modo de gobierno como ocurre con frecuencia en España en esta primera mitad del siglo XX; debería de haber unas estructuras más sólidas sobre las que se asentasen de una manera razonada y sensata cuáles son las mejores soluciones, ya que en el fondo, que el país vaya mejor, interesa a toda la población.

Así surge, como consecuencia de la inestabilidad económica la dictadura de Primo de Rivera, que tenía como objetivo hacer frente a la creciente inestabilidad de las magnitudes macroeconómicas y los importantes cambios en la estructura productiva española ocasionados por la I Guerra Mundial. Esta situación requería firmeza institucional, y de este modo la dictadura comenzó realizando una serie de reformas como es el aumento de las inversiones en obras públicas y el crecimiento del gasto público. Pero a pesar de estas medidas, en otros aspectos se cometieron graves errores, no siendo capaces de desarrollar una reforma tributaria que era muy necesaria teniendo esto como consecuencia recurrir a la emisión de deuda pública para financiar sus inversiones. De nuevo, aquí podemos ver cómo lo no realizado por la “reforma de Villaverde”, suponen problemas en el tiempo que se pagarían muy caro, oportunidades de progreso perdidas y de una rápida convergencia con Europa.

El final de esta etapa de la Dictadura de Primo de Rivera deja tras de sí un importante aumento en el sector industrial (media 6% anual) gracias a las reformas realizadas en estos años, lo que situaba al país en una buena situación con respecto a las economías europeas, alcanzando la media del 60%, lejos del 40% comentado anteriormente que había a principios de este siglo. No obstante como nota negativa, que permanece en el tiempo e incluso se acrecienta el nacionalismo económico español, siendo el grado de apertura al final de este periodo más bajo que en etapas precedentes y también bastante inferior que el resto de países europeos. Este sentimiento de no querer relación exterior no es nuevo, y un buen ejemplo del siglo XIX, es el diferente ancho de vía ferroviaria.

El fin de la dictadura depara un cambio de forma de Estado, pasándose a una república. Este cambio al igual que los anteriores, se produce por problemas económicos y políticos, y por tanto la situación heredada por la República es realmente difícil añadiendo además la difícil coyuntura internacional tras la crisis del 29. Algunos sectores de la población, especialmente el campesinado, aguardaban la nueva situación como la solución a todos los problemas acumulados. Pero los sucesivos cambios de gobierno cada dos años además de los otros problemas del momento mencionados anteriormente, dotaron a la República de serias limitaciones a la hora de realizar cambios profundos, y este hecho dio lugar a mayores problemas. El principal problema económico fue el aumento del desempleo hasta el doble, con el agravante de que en esta etapa había dificultades para ir a otros países a trabajar dada la coyuntura internacional tras la crisis de 1929 por el creciente proteccionismo imperante.

Estoy de acuerdo en cómo los autores exponen los hechos ocurridos durante esta etapa, buscando la imparcialidad. Yo en línea con lo que ellos exponen, diría que al contrario que en otros países, en España había muchas ideologías e intereses. La iglesia contaba todavía con mucho poder, gran propietaria de tierras, un cuerpo militar muy activo en todo el comienzo de siglo y el resto de la población que también quería entrar en el juego político – económico como es natural, y como estaba ocurriendo en otros países del entorno. Esto dio lugar a un enfrentamiento lógico porque ninguna de las partes estaba dispuesta a ceder.

En definitiva y volviendo al tema estrictamente económico, el periodo de la República se caracteriza por las múltiples intervenciones en política económica debida a la difícil situación, no lográndose finalmente todas las aspiraciones que había depositadas, pero a pesar de ello España se mantuvo por encima del 60% con relación a la renta de los principales países de Europa.

La Guerra Civil supuso para España un gran retroceso en la convergencia que se estaba llevando a cabo con el resto de economías europeas. El comienzo de la guerra supuso la coexistencia de “dos autoridades monetarias y dos bancos de España”, poniéndose de manifiesto las disparidades en la dirección de una y otra política económica. Tanto un bando como el otro pagaron cuantías similares por la ayuda de otros países, ocasionando todo esto un gran lastre para los años venideros. Si los bandos se hubiesen limitado al uso de sus fuerzas sin recurrir a la ayuda externa, probablemente ni hubiera durado tanto la guerra ni hubiese tenido tan nefastas consecuencias.

Lo más relevante a destacar de estos tres años (1936 – 1939) es que lo más grave de la guerra no fueron los destrozos físicos ocasionados, sino “la pérdida de capital humano, prolongada después por la represión de la posguerra y ampliada por el exilio”. Todo ello provocó que no se reactivará la economía como era anteriormente con rapidez, ya que el capital humano era menor.

Así, durante esta etapa del franquismo se pueden distinguir unos periodos muy distintos entre sí. La década de los 40 junto con los tres años de guerra, se puede resumir como los peores años que ha vivido España durante el siglo XX económicamente hablando, donde el aislamiento internacional y el intervencionismo son las notas que lo caracterizan. Son los años de las cartillas de racionamiento y el mercado negro. Como consecuencia de la autarquía se pretende lograr el autoabastecimiento del mercado nacional con la propia producción interna, una utopía desde mi punto de vista, ya que el comercio es imprescindible y de él se obtienen ventajas comparativas aunque el comercio sea reducido como comprobaron los teóricos Adam Smith (Teoría de la ventaja absoluta) y David Ricardo (Teoría de la Ventaja Comparativa).

Habría que destacar como principal problema macroeconómico en esta década de los años 40 las tensiones inflacionistas, lo que provocaba malestar en la población. Todos estos problemas terminarían con el comienzo de los años 50, donde comenzaría el proceso de liberalización económica gracias al fin del aislamiento internacional. Las notas a destacar en estos años son las mejoras en la producción y en el consumo, aumento del grado de apertura exterior y crecimiento a niveles de otros países europeos. Todo esto se desencadenó a raíz de los Acuerdos de Madrid, una especie de ayuda similar al Plan Marshall pero para España y a la inclusión de España de nuevo en los organismos internacionales.

Pero España no logró aprovechar esos años de buena coyuntura y no acometió reformas más profundas que le hubieran permitido unos mejores indicadores. Uno de esos errores fue la persistencia de un cambio irreal de la peseta que era un castigo para la economía, pero a pesar de todo ello, se logró crecer sobre todo en la industria y preparando bien el terreno para los que serían los mejores años de España en cuanto a crecimiento económico de todo el siglo XX: desde los años 60 hasta 1975.

Las reformas del Plan de estabilización (para reducir la inflación y corregir el déficit exterior) y liberalización, y la entrada de España en el Fondo Monetario Internacional y en la OECE, fue lo que supuso el inicio de estos años de gran crecimiento. Además, se conjugaron factores muy positivos como fue la entrada de divisas por el turismo, remesas de emigrantes o entradas de capital, y aunque se experimentó un gran crecimiento llegándose a un crecimiento del 6,7% de la renta real por habitante, no se aprovechó todo el potencial existente, ya que el gobierno se resistía a eliminar las trabas todavía grandes, existentes tanto en la industria como en el comercio exterior. Vemos como una y otra vez se repite la misma historia, y no se obra con racionalidad económica, pero pronto ya este signo cambiaría para España.

En el crecimiento de los 60 (hasta 1975) se lleva a cabo un profundo cambio que algunos datos se pueden expresar mejor con números que con palabras: la población activa agraria pasó desde un 40% a un 20% y la estructura productiva igual, desde un 20% a un 10% (todo ello gracias a la capitalización de la agricultura). También destacar el crecimiento medio de la industria de un 10% anual acumulativo actuando como motor de la economía en estos años.

Me sorprendió realmente este giro experimentado, ya que desconocía que de cada 10 personas activas 4 trabajaban en el campo aún en 1960. Ahora puedo entender esa ilusión con la que se vivió el periodo de la transición, en el sentido de no volver a pasar por épocas de espaldas al resto de los países del entorno, y además, pagándose con bajos niveles de bienestar.

Tras la caída de la dictadura, se suceden una serie de hechos muy relevantes durante la transición democrática tanto políticos como económicos. En estos años al igual que ocurrió en los años 30, no ayuda la coyuntura internacional muy perjudicada por las crisis petrolíferas. España se ve muy perjudicada por llevar políticas económicas incorrectas como querer que no afectase la subida del petróleo gracias a las reservas del Banco de España, al errar en la previsión de que la crisis iba a tener una corta duración. Todo ello ocasionó unos desequilibrios macroeconómicos que serían aliviados gracias a los Pactos de la Moncloa en 1977: una serie de medidas estructurales y de saneamiento que mejorarían en efecto la situación económica en ese año y posteriores.

Al mismo tiempo, España estaba pendiente de su posible entrada en la Unión Europea, algo que supondría un importante avance para la economía, y este hecho se ve ratificado en los Acuerdos de Stuttgart en 1983. A pesar de esta noticia, España tenía que hacer frente a unos indicadores un poco desorbitados como un déficit publico del 6% sobre el PIB o también una inflación de dos dígitos. Pero a pesar de las dificultades, la resolución de estos problemas económicos ya era cuestión de tiempo que se solucionaran porque se había el elegido el camino correcto, como veremos lo ocurrido a continuación.

En los años sucesivos, con la entrada de España en la UE se inicia un periodo de optimismo económico que va a dar lugar a crecimientos económicos destacados. Así en la segunda mitad de los años 80, la producción crece por encima del 5%, acompañado de un proceso de reequipamiento e incorporación de innovaciones tecnológicas en la industria. De este modo ya no se caería en los errores de hace unas décadas y al mismo tiempo que se crece se aprovecha para sentar sólidas bases para el futuro y no solo económicas sino también desde el punto de vista institucional. Todo ello tiene lugar al mismo tiempo que se inserta la peseta en el Sistema Monetario Europeo en 1989, y España tiene serias dificultades para cumplir algunos de sus requisitos.

Se inicia así un camino difícil para cumplir los plazos impuestos por el SME en cuanto a control de las principales magnitudes macroeconómicas dentro de unos valores razonables. Pero al mismo tiempo que se intentan conseguir retos tan importantes como el relatado anteriormente, no debemos olvidar grandes logros conseguidos en estos años, como es la construcción del estado del bienestar con características parecidas a los demás países europeos con años de ventaja sobre España. Es admirable como en tan poco espacio de tiempo la situación ha cambiado tanto.

En este periodo democrático, sí que considero que se realiza en España lo más apropiado desde un punto de vista de racionalidad económica esté el partido que esté gobernando, al contrario de lo que pasaba en periodos pasados como ya comenté anteriormente. De este modo, desde principios de los años 90, donde hay tantos problemas para cumplir los requisitos del SME y donde se veían especialmente perjudicadas las monedas débiles como la peseta, los gobiernos en primer lugar del PSOE y luego del PP acometen una serie de medidas económicas con el objetivo de conseguir las cifras que permitan a nuestro país estar presente desde el primer momento en la construcción europea. Y tras conseguir este propósito casi de forma milagrosa, incumpliendo únicamente un indicador económico que se consideraba el menos importante, hay que destacar una serie aspectos no favorables que tiene España al final de este siglo como son: la creciente economía sumergida con un alrededor de un 25% sobre el producto interior bruto, la elevada tasa de paro con un 10% y una elevada cifra de empleo temporal, muy superior al resto de países europeos.

Una vez conseguida la estabilidad macroeconómica, España ya puede afrontar con ambición y con las ideas más claras las oportunidades del nuevo siglo, si bien con problemas como los que hemos visto anteriormente pero ya no de la magnitud de los ya superados durante las últimas décadas del siglo XX.

En definitiva, ha sido un siglo muy cambiante para España tanto desde el punto de vista político presentando tanto monarquía, dictadura como república como económico con una primera etapa hasta 1935 con una media de crecimiento de la renta real por habitante de 1,1%, una etapa siguiente hasta 1950 con un crecimiento negativo de -0,9% y la mitad de siglo restante se cierra con un crecimiento medio de un 3,8%. Con estas breves notas podemos apreciar las grandes diferencias encontradas entre las diferentes etapas como ya hemos visto con detalle a lo largo de todo el texto.

Juan Antonio Corbalán Liarte

21Descargar texto completo: Un siglo de España – La economía. Juan Antonio Corbalán

Autores del libro: José Luis García Delgado y Juan Carlos Jiménez.

Edita: Marcial Pons, Ediciones de Historia S.A.

Año: 2001

ISBN: 84-95379-02-3

Número de páginas: 219

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